Hoy nos levantamos temprano y salimos en jauría a recorrer Once bajo un sol despiadado que hacia de caminar unas pocas cuadras una tarea realmente difícil. Salimos en busca de los insumos que precisamos para hacer los centros de mesa y souvenirs del casamiento, pero entre el calor abrasador y la cantidad de gente que había, no solo en la calle, sino en cada local al que entrabamos, sumado al ataque de alergía (que tengo desde hace semanas y empeora cada día) ni Sofi, ni yo teníamos el mejor de los humores, lo que obviamente disminuía nuestra paciencia al plantear diferencias respecto a la elección de las cosas. Ella quería algo chiquitito, delicado, yo queria algo gigante y extravagante. Ella quería algo de madera, yo quería algo de vidrio. Ella quería rojo Erica, yo quería Indigo. En fin, terminamos mufados. Claro, en ese momento las pavadas por las cuales discutíamos parecían de vida o muerte, pero perdieron total magnitud cuando, de vuelta en casa, destapamos una Coca (light) helada, con el aire acondicionado a todo lo que daba. Así que terminamos mediando una solución diplomática, yo no me quejaba de los tubitos de vidrio que ella quería para los souvenirs y ella no decía nada sobre el globo de vidrio enorme que encargué para poner en la mesa principal. Eso es lo que necesita la ONU, un buen aire acondicionado y Coca helada para todos.
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